Una metáfora para pensar…

El jardinero que había contratado para talar unos árboles acababa de finalizar un primer de trabajo difícil. Las cosas no le salieron muy bien, pues su cortadora eléctrica se averió y, al querer volver a casa, su coche no quiso arrancar.

Le propuse llevarle a su casa y durante todo el camino de regreso permaneció en silencio. Cuando llegamos, insistió para que me bajara a beber algo y conociera a su familia.

Acepté la invitación y vi que, antes de entrar a su casa, se detuvo brevemente frente a un árbol, tocando las puntas de las ramas con sus manos.

Cuando abrió la puerta, su cara bronceada estaba plena de sonrisas. Abrazo y beso a su esposa y a sus tres hijos pequeños.

Al volver me acompaño hasta mi coche y, como sentía mucha curiosidad por esta transformación, le pregunté:

  • ¿Cómo has hecho para cambiar en tan poco tiempo tu actitud?

Y él me contestó:

  • Éste es mi árbol de los milagros. Como todas las personas, sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen ni a mi casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente cada noche, cuando llego a trabajar a casa, antes de entrar, los cuelgo en éste árbol. Y cada mañana, cuando vuelvo a salir, los recojo otra vez.
  • Lo milagroso es- dijo sonriendo- que cuando salgo por la mañana a recogerlos, ni remotamente hay tantos como recuerdo haber dejado la noche anterior.

Related Posts

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *